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El amor impreso en todas las generaciones

Por exalumna U-ERRE, egresada de Comunicación Social en 1982

Me siento a observar los álbumes de familia y conforme doy vuelta a cada página, veo que de todas las fotos siempre sobresale un rostro, un rostro de servicio, de entrega incondicional, de trabajo constante, de sabiduría, de ternura, de amor, de felicidad y por qué no, también de cansancio y melancolía, pero ese rostro siempre predomina de los demás, de tal manera que no tengo prisa en voltear la página para seguir admirándolo.

Ese rostro que admiro, es el de mi madre y el de las mamás de todas las generaciones de la familia.

Me doy cuenta que es muy valioso darme el tiempo para recordarlas, para reconocer mis raíces, y que gracias a lo que vivieron y me enseñaron todas esas mujeres, hoy soy una madre plena.

Muchos tienen la fortuna de contar con su mamá en esta vida, otros no tenemos ya la dicha, pero en cualquiera de los casos, tenemos impregnado en nuestro ser sus abrazos, sus mimos, sus palabras de cariño, aliento, de empuje y de amor. Todos esos momentos son eternos en nuestras vidas, jamás se irán y de una forma u otra, siempre se compartirán de generación en generación.

Puede que a lo mejor el destino te designe cuidar a tu mamá en la vejez o en alguna enfermedad, puede que esa mamá que conociste como columna fuerte e inquebrantable de la familia, ya no sea la misma, puede que sea una mujer sin fuerza, cansada y hasta con actitudes de niña.

No te desesperes con ella, no te enojes ni la abandones; no te llenes de ocupaciones que no te permitan disfrutarla en vida. Busca el espacio para ir a verla, corre a abrazarla, a consentirla y a amarla.

En nombre de todos aquellos que no contamos con el regalo de tenerla con nosotros; dignifícala, sé paciente, sírvele, atiéndela, cuídala, respétala y ámala con todo tu ser, como ella lo hizo contigo cuando la necesitaste desde el momento en que naciste.

A ti, que eres hijo, concédete ese tiempo en tu vida y disfruta el rostro de tu madre sin importar el semblante que observes; recuerda que lo que importa es que detrás de ese semblante, está esa mujer cuyo propósito central en su vida, eres tú.

Para ti mamá, estés aquí en la tierra o con Dios en el cielo, ten la seguridad de que has hecho un buen trabajo, aunque a lo mejor sientas que fallaste; no te angusties, porque cada momento de amor dado a tu hijo, cada abrazo donde le acogiste, cada perdón que le otorgaste, cada lágrima que derramaste por él y cada herida en tu corazón ocasionada por su dolor, con esto, has cumplido tu misión de madre.

Tú iluminas la vida por el simple hecho de ser madre. ¡FELICIDADES MAMÁ!